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Virgen, mártir… y barbuda

By Alberto De Francisco

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Baume-les-Dames es un pueblecito francés de poco más de cinco mil habitantes, casi al lado de Alemania y pegadito a la frontera suiza, que cuenta con una capilla, la del Santo Sepulcro, construida en 1540 para acoger a los apestados del lugar. Esta capilluca alberga la estatua de piedra policromada de otra santa: Acombe, la virgen barbuda.

Virgen de Acombe

Acombe, la virgen barbuda

Cuenta la leyenda que tratando de escapar de la insistencia obsesiva de un príncipe pagano, la bella Acombe rogó a Dios que transformara su belleza en fealdad y que al poco tiempo, empezó a crecerle una barba tan poblada y viril que ello provocó la ira del desairado príncipe hasta el extremo de ordenar que aquélla fuese crucificada, atada de pies y manos.

Y no es la única barbuda y mártir, porque en la iglesia de Wuissant, en Pas-de-Calais, hay otra imagen, la de Santa Wilgeforte, (o Santa Librada para nosotros y los portugueses), la patrona de las mal casadas, pese a no haber sido canonizada, la virgen fuerte, y que representa la crucifixión de otra muchacha que, según cuentan, era una joven princesa, hija del rey de Portugal y obligada a casarse con el entonces rey de Sicilia, un hombre a quien no quería. Ella, lo mismo que Acombe, suplicó al altísimo que se llevara su belleza y, de idéntica y milagrosa forma, le brotó en su rostro una espesa barba. La diferencia aquí la tenemos en que, según la leyenda, fue su propio padre quien la mandó crucificar.

Santa Librada

Santa Librada

Otra historia cuenta que en realidad, ésta fue la primera santa anoréxica, que dejó de comer al conocer los planes de boda que le había preparado su padre y que, al hacerlo, empezó a sufrir tal desequilibrio hormonal como consecuencia de la desnutrición que empezó a cubrirse de vello.

Los estudiosos cuentan que en realidad, la muchacha nunca existió, que su historia nació de un error iconográfico y que la mujer barbuda era el propio Cristo vestido a la manera oriental, con una túnica larga y colorida.

Sea como fuere, en otra iglesia francesa, la de Saint-Etienne de Beauvais, existe una bellísima escultura en madera policromada del S. XVI, representación de la santa de Wilgeforte, ahora sí, barbuda y crucificada y …sí, decimos bien, …ahora, porque hubo una época en la que una imagen de esa guisa fue considerada indecorosa hasta tal punto que “afeitaron” a la santa, pintando sus barbas con el tono de la piel. Otros afirman que la obra la llevó a cabo uno de los monjes del lugar, escandalizado al ver en la talla a un Cristo crucificado demasiado femenino.

Virgen de Wilgeforte

Virgen de Wilgeforte

Tiempo después la talla fue restaurada y le fuese devuelta la barba a una pobre santa doblemente martirizada.

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