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ENEMY o la barba doble malvada de Jake Gyllenhaal

Un artículo de Dardo Helguera

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Gracias a esta última fiesta del cine se han podido disfrutar masivamente y a precios “terráqueos” de varias fantásticas películas de la cartelera.

Sí, hay muchas pelis de calidad –pese a lo que algun fulano quiera decir por ahí-. Y sí, la gran razón por la que no sé va al cine es el precio loco de las entradas. Esto ya parece irrefutable analizando los resultados de participación de los espectadores en la quinta edición de la fiesta del cine: un 15% más que la anterior cita. Todo un record que debería sonrojar a más de una distribuidora al seguir pidiendo ciertos porcentajes de beneficio indecentes por entrada a las salas, provocando no solamente una estrategia empresarial contraproducente, sino el ocaso ya casi total de los cines de barrio, los de toda la vida. Lo bueno del éxito de esta iniciativa con conclusiones demasiado obvias para cualquiera con dos dedos de frente es que, amén de haber disfrutado del cine por 2,90€, todos los espectadores gozaremos de la extensión de “Los miércoles al cine” hasta Julio: la otra iniciativa de ahorro actual para fomentar ir al cine.

El cine no es un lujo. Es un entretenimiento lúdico, una herramienta expresiva y reflexiva accesible. Si se aísla con precios prohibitivos carece de sentido.

El cine no es un lujo. Es un entretenimiento lúdico, una herramienta expresiva y reflexiva accesible. Si se aísla con precios prohibitivos carece de sentido.

Pero bueno, este post no pretendía ser una reivindicación por un precio popular fijo en las entradas de cine (aunque no lo haya podido evitar en este prólogo. Nunca viene mal insistir en ello), sino una reseña sobre una de esas interesantes películas que se han podido disfrutar durante estos tres días a un precio irresistible. Concretamente la fantástica coproducción canadiense-española que ya se pudo ver en la última edición del festival de Sitges (fuera de concurso) y en el festival de San Sebastian : ENEMY.

Fantástico poster de ENEMY

Gran diseño para el teaser poster de ENEMY.

Un thriller psicológico y críptico dirigido por Denis Villeneuve y escrito por Javier Gullón, adaptación libre y personal de la novela EL HOMBRE DUPLICADO de Jose Saramago, que narra el descubrimiento casual por parte de un profesor de historia, mientras mira una película, de un individuo exactamente igual que él en apariencia. Su curiosidad sin freno por resolver tal enigma desatará la indagación sobre la identidad de ese actor idéntico a él, provocando una situación impredecible que se le irá de las manos.

Protagonizada doblemente y brillantemente por un excelso Jake Gyllenhaal barbudo por duplicado el cual ofrece una interpretación dual sobresaliente que oscila entre polos opuestos, apoyada sobremanera en un gran trabajo de lenguaje corporal.

Por una parte desarrolla un personaje protagonista taciturno, lánguido, inseguro, constreñido por algo interno desconocido, pero siempre curioso; y por otro lado, interpreta al otro personaje principal aparentemente opuesto, un doppelgänger seguro, airado y con reflejos oscuros.

Me cago en la leche que mamé, si somos iguales!

Me cago en la leche que mamé, si somos iguales!

Su papel protagonista doble está acompañado por dos bellísimas actrices que llenan el encuadre con su abrumadora presencia: Mélanie Laurent y Sarah Gadon. Ambas están perfectas en su interpretación: la francesa con una actuación más seca, contundente y simple y la segunda con una interpretación más profunda y llena de matices. Ambas funcionan como perfectos artefactos narrativos complementarios para definir y meter grises en el perfil y los conflictos internos del dueto masculino protagonista, haciendo de nexos, levantando interesantes puentes entre los dos personajes físicamente clónicos, pero antagónicos en personalidad, a priori.

Con el debido respeto, Sra. Rosellini, santa belleza madura, pero es que tener que decidirse por uno de estas dos Venus, es para soñar con el don de la bilocación sin miramientos

Con el debido respeto y sin desmerecer, Sra. Rossellini, santa belleza clásica, pero es que tener que decidirse por una de estas dos Venus es solo solucionable con el don de la bilocación. Si no sería un castigo supremo.

En un papel fugaz, sin mucho que reseñar a nivel interpretativo por su brevedad; pero portador de información valiosa para extraer un posible significado al puzzle, aparece Isabella Rossellini. Un posible guiño u homenaje encubierto a la filmografía de Lynch (algo que se me antoja concluir o hilar a título personal por la naturaleza abstracta de la película y aspecto formal parecidos al estilo onírico y dual recurrente del susodicho).

El guión está firmemente estructurado, sin dejar (a mi juicio) nada sin explicar pese a su codificado y libre desenlace. Ya lo adelanta el propio prólogo de la película (parafraseando): el caos es un orden por descubrir.

Examen sorpresa que te crió.

No me quedaba tan bien la barba desde el videoclip “Time to dance” de The shoes.

Los personajes están firmemente construidos. Diseñados con identificadores perfiles, propios conflictos que los tambalearán y consiguientes cambios devenidos a lo largo de la trama.

A nivel de ejecución formal, la peli es una delicia. Una dirección fría, elegante y perturbadora. De pulso lento, pero con una intensidad expresiva que hace estar en tensión durante todo el metraje. Haciendo una analogía sería como el frío quemador de un trozo de hielo cuando se sostiene en la mano durante mucho rato. Los planos, en su mayoría, son sobrios en forma narrando elegantemente situaciones cargadas de desasosiego. Se resuelve con excelente eficacia las escenas en las que los dos personajes clónicos, interpretados por Jake Gyllenhaal, aparecen e interactúan en el mismo plano. No chirrían nada, en principio, pese a que uno se ponga a conciencia a buscar el fallo en el primer visionado.

A este gran mérito de narración sin prisas, personal, valiente y del mejor suspense hay que sumarle el uso inteligente, en ciertos momentos y de sopetón, de mezclar en la trama islotes sueltos de índole puramente surrealista. Tramos oníricos y misteriosos que, pese a su condición extraña e inquietante, no desentonan para nada con la atmósfera ya viciada creada en la puesta en escena de la trama más “realista”.

Cartel alternativo de Enemy

Cartel alternativo de Enemy

Para conseguir definitivamente ese diseño de atmósfera inquietante -como de vigilia alucinada- siempre acechante, la fotografía de la película se plantea a tenor de; luciendo un facha deliciosa. Con un estilo igualmente elegante, sin filigranas, la dirección de fotografía consolida la excelencia estética de la peli. Un background urbano y diurno, siempre cálido y muy setentero en tonalidad, compone el grueso lumínico del relato. Contrastando con otros oscuros, en los que el uso reiterativo de la clave baja y el tono amarillo-oro de la luz hacen de recursos para enfatizar el tono de misterio y también para señalar el casi inapreciable componente ultra-elitista sordido, lujoso bizarro propio de una sociedad secreta disoluta que sobrevuela, extrañamente, en determinados momentos de la trama.

La película, al incorporar en algunos fragmentos puntuales imágenes surrealistas implícitas, tira de unos efectos especiales que aguantan el tipo a la perfección gracias al gran aliado visual que tiene en la fotografía.

El factor que acaba de envolver la puesta en escena con un papel de regalo de tensión constante es el uso de la música: de estilo ambiental turbio y con el apoyo de golpes de sonido para recalcar ciertos cortes, consigue añadir un valor adicional de suspense muy agradecido a la imagen.

Así pues, ENEMY, es como una cinta de Möbius cinematográfica que se aprovecha de recursos propios y clásicos del género de ciencia ficción como la premisa del doble, combinándolos con otros de naturaleza onírica y simbolista, que bien podrían salir de la obra de David Lynch, Dalí o Duchamp, para agitarlos y construir con ellos una película jeroglífico sobre la crisis existencial, el miedo al estancamiento vital y la exploración del inconsciente menos políticamente correcto.

Cartel alternativo de Enemy

Brutal ilustración de otro de los carteles alternativos de ENEMY. ¿Homenaje sutil a CABEZA BORRADORA?

Por tanto ENEMY, debido a su planteamiento formal y de fondo, se erige pues como otro ejemplo paradigmático de esas obras que gustan o son odiadas a partes iguales, pero sin consenso intermedio, tanto por crítica como por público.

En definitiva: una oportunidad más para disfrutar de un relato que se aleja de la narración convencional y la causalidad lineal de sota caballo y rey.

Un nuevo relato que abraza a esas historias que plantean sin complejos abstracciones alejadas de la mera descripción o figuración para el disfrute de una experiencia sensorial diferente y particular (más aún).
Una de esas historias con final abierto y poroso de las que lo último que esperamos de ellas l@s espectadores/ras más imaginativ@s, permeables y cómplices es que nos lo pongan fácil; más bien lo contrario.
Una de esas historias en las que la libre interpretación del espectador comulga con la libertad personal del autor a la hora de narrarlas, creándose una sintonía redonda para seguir disfrutando proactivamente de ellas después del visionado. Porque eso es lo bueno de los misterios resueltos al 90%, que dejan el 10% para que la imaginación juegue con ello por siempre (en el mejor de los casos).

Y a vosotros, ¿os gustó?
¿Os encontráis entre sus seguidores o en cambio sois parte de sus detractores?

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