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Cádiz, el nuevo colonial

Un artículo de Albertiño

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Un universo de bicicletas, barbas, gorras, diademas de flores, vestidos románticos. Zumos detox, superalimentos, cervezas artesanales. bagels, hamburguesas, cócteles. El brunch, que parece que nadie desayunaba el domingo antes de llegar el palabro (!). La decoración vintage, esa en la que da un poco igual si el sillón es de ayer o de hace un siglo,

Esta modernidad unificadora se encuentra todavía con zonas en las que carece de predicamento, lugares donde la vida todavía se disfruta a 33 revoluciones, de una manera más pausada y diferente. Cádiz-ciudad es el ejemplo. Visitarla es quedarse a vivir sin remedio, y un paseo (o dos) por la ciudad nos hará plantearnos por qué no lo hicimos antes,

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Desayunar en el Royalty, el último café modernista europeo. Entrañable espacio histórico con una rehabilitación puntillosa y contrastes curiosos. Es impagable ver a un matrimonio centroeuropeo almorzando a las doce de la mañana al lado de una bloguera china armada con varios iphones, modo Lara Croft. Del siglo XIX al hiperespacio con un mollete de aceite y jamón por combustible. Desayunos de buena factura y servicio exquisito en un ambiente romántico y decadente; imposible encontrar mejor manera de empezar el día,

El paseo matutino tiene la primera parada en las tiendas de comestibles, los ultramarinos o coloniales que comerciaban con América con productos de aquí trayendo productos de allí; uno de los de nuevo cuño es Chicuco “despacho de ibéricos, conservas y desavíos” que invita a entrar y consumir, gastarse la paga en sibaritismo al precio de lo que cuesta. Taberna y tienda cuyos propietarios también son productores de jamones ibéricos de gran calidad. Conservas, embotados y especial atención a pequeños productores locales. Todo lo que venden se lo puede uno ventilar in situ papelón tras papelón en la barra de al lado,

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El Chicuco

Plaza de San Juan de Dios 16, Cádiz. Telf. 678.507.050

 

Más estampas coloniales nos encontramos en el Mercado Central; aquí en el paraíso conviven puestos tradicionales con otros descapotados al aire libre y zonas de degustación. Este es un lugar que sabe venderse y disfruta haciéndolo: queso emborrao de cabra payoya, longaniza, chacinas de la Janda y de Trebujena; chicharrones y lomo en manteca, puro delirio para hacerse un gocho gourmand de primera. La posibilidad de probar todo multiplica el placer, claro. Y de remate, los churros de La Guapa hechos al momento, al peso y en papelón para acompañar el recorrido,

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Este discurrir de calle en plaza y de plaza en mercado bien puede finalizar en el Brim, bar popular y cultureta, no de fanzine ni de revista AD sino de sabiduría callejera diaria, la que se fragua con un café en vaso prescindiendo del resto, para qué más. Sin aire acondicionado, sin vajillerío mono, sin bollería. En su única ventana a la calle puedes sentirte la personita más importante de las cuatro baldosas que te rodean, sin duda,

Clavo, cayena, pimentón marroquí……, olores del mercado que despiertan el apetito. Varias opciones tenemos oiga, o bien caminar hasta al mesonero barrio de la Viña donde todavía es posible ver a peñas flamencas jugando a las cartas a mediodía y cantando por la noche, o aprovechar la estela de los edificios de principios del s.- XX para conocer el barrio de Santa María, uno de los más tradicionales, que es hacia donde vamos,

Entre esos edificios, el Casino, el edificio que fue sede de la Banca Aramburu o la ampliación del edificio del Museo de Cádiz son quizás los más destacados. Arquitectura colonial de la mano de una burguesía con posibles que llenó la ciudad de edificios equilibrados en continente y lujosos en contenido: mármoles y balaustradas, columnas, patios porticados, espejos….., una belleza de disfrute intimista que se oculta al exterior,

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Esta ciudad despierta sin prisa, confundiendo y confusionando la mañana y el mediodía. Ese desperezamiento también se nota en el sector hostelero, que vive un momento de recuperación de factura lenta, donde se apuesta por la oferta local a la hora de gestionar el ocio en el centro. Esto es lo que Pancho Jiménez opina. Experto en gestión hostelera, él y sus socios (Garum Consulting S.L.) son quienes están detrás de Ultramar&nos. En este negocio cada uno de ellos atiende muy bien a un palo concreto: la oferta de cocina, la gestión del local en números e intendencia y visualizar el negocio antes de que esté montado. Y el resultado brilla,

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Es Ultramar&nos una tasca modernita, una revisión del almacén de víveres tradicional. El buen gusto no se improvisa y el local es elegante y espontáneo, quizá por la gran barra en parte abierta a la calle que difumina las diferencias entre exterior e interior. Una estupenda banda sonora envuelve la propuesta: vinos por copas y una surtida oferta de manzanillas poco o nada conocidas. La cocina tira de distintas influencias y trata con mimo los productos de la tierra: los chicharrones especiales de la casa y una manzanilla Barón son el aperitivo con el que plantearse una vida hedonista y verlo factible,

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Ultramar&nos

Enrique de Las Marinas 2 / Plaza de Mina 1, Cádiz. Telf.- 856.076.946  https://www.ultramarynos.com

 

Apenas diez minutos y se llega al barrio de Santa María. Y el nombre de la taberna donde parar no deja lugar a dudas, La Sorpresa. Aquí todo está bueno porque su propietario Juan Carlos Borrell sabe lo que ofrece: fue director comercial de Gadira, empresa a la que mirar cuando se habla de atún de almadraba. Nos cuenta Juan Carlos que el dueño de las cuatro almadrabas existentes en la actualidad (en Zahara, Barbate y Conil) confió en él para poner este producto de calidad en el mapa gastronómico nacional con una reunión en Barbate de todos los Adriàs, Berasateguis, Arzaks… en torno al atún. Con la calidad de producto que ofrecen, la buena acogida por los cocineros y el despegue posterior vino de serie,

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La Sorpresa tiene más de 50 años de vida con su estética típica de taberna gaditana y venta de productos y vinos a granel de las bodegas Delgado Zuleta (Sanlúcar) y Vélez (Chiclana). Aquí conservan la media limeta –una medida local de botella de algo más de 300 cc-, ideal para disfrutarla solo, compartir o tomarse un cubo de limetas directamente. Un despiporre de finos, manzanillas y tentempiés refinados para dignificar el mediodía: anchoas, morcilla patatera templada con pimentón, atún en todas sus versiones (ijada, sashimi, tartar y ventresca, mojama, huevas) o bacoreta en aceite, un tipo de atún pequeño muy conocido en la zona,
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La Sorpresa

Calle Arbolí 4, Cádiz. Telf.- 956.221.232

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Limeta va limeta viene, la tarde pasa de puntillas en la playa de La Caleta. Gente caletera, caballas caleteras. Todo lo que suena desde el barrio de La Viña hacia el mar lleva ese apellido. Todo menos el Parador con vistas infinitas al Atlántico, ni un gran angular abarca tanto azul,

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Ya no salimos del barrio para cenar en El Faro. En su barra concretamente. Siempre a tope, de calidad, surtida, sin fallo. El restaurante domina la alta cocina tradicional y maneja los resortes de la contemporánea, integrando elementos de una y de otra. Y probar de todo es lo que permite la barra. Carbón de bacalao –tempura negra- y tomate picante. Albóndigas de choco y pargo. Tosta de matrimonio y alboronía, infalible. Ostiones. Una vez más, creatividad y técnica en buena relación con el entorno y el recetario de siempre. Un tinto Ibargüén de Cádiz acompaña y un P.X. Don Guido de 20 años dará sosiego a tanta fiesta,

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El Faro de Cádiz

Calle San Félix 15, Cádiz. Telf.- 956.225.858

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